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      Derecho de Familia

      Derecho de Familia, en Bolonia Abogados

      Las relaciones personales también tienen consecuencias jurídicas; parejas de hecho, matrimonios, relaciones con los hijos… a veces no sólo no funcionan como esperábamos, sino que requieren de la intervención de los Tribunales de Justicia a los que se debe llegar lo mejor asesorado/a posible.

      Al margen de los conflictos, el deseo de ser padres mediante la adopción, la regulación de las relaciones futuras mediante capitulaciones matrimoniales… también requieren de un buen asesoramiento aunque no exista conflicto.

      Regímenes económicos matrimoniales

      • Capitulaciones matrimoniales.
      • Liquidación de sociedad de gananciales.
      • Negociaciones extrajudiciales.

      Parejas de hecho

      • Impago de pensiones: reclamación de atrasos.
      • Incumplimientos de régimen de visitas.
      • Modificación de medidas.

      Procedimientos canónicos

      • Actuaciones ante el Tribunal de la Rota.
      • Nulidad matrimonial.

      Ejecuciones de Sentencia

      • Consultas puntuales y pre-informes de valoración de actuaciones judiciales.
      • Disolución de pro-indivisos.
      • Negociaciones extra-judiciales.
      • Relaciones económicas paterno-filiales.

      Separación, divorcio y nulidad civil

      • Actuaciones ante tribunales de familia: separación conyugal, divorcio y nulidad civil.
      • Consultas puntuales y pre-informes de valoración de actuaciones judiciales.
      • Impugnación de paternidad.
      • Modificación de medidas.
      • Negociaciones extra-judiciales.
      • Reclamación de pensiones de alimentos.

      Consideraciones y reflexiones sobre el Derecho de Familia

      Derecho de Familia en Bolonia Abogados en Sevilla

      Qué es el Derecho de Familia

      Los amigos son clientes complicados. Hace unos días me pidió un amigo que le resumiera las diferencias entre estar casado y ser pareja de hecho y que le recomendara una opción.

      No es una cuestión simple y me obligó a presentarle un pequeño resumen del derecho de familia en España y ello, partiendo de que en la actualidad hay muchas formas de familia.

      Comenzando por el modelo de familia tradicional, el matrimonio, hay que señalar que ya se ha superado el concepto de unión estable entre un hombre y una mujer con el proyecto común de tener y educar hijos, dando paso a uniones estables entre personas del mismo sexo y con o sin proyecto común de hijos, pero a través de la fórmula del contrato matrimonial.

      Señalar en primer lugar que:

      En la actualidad, el matrimonio es una fórmula que en nuestro país está en retroceso; cada año se celebran menos matrimonios que el año anterior pero ello no debilita el derecho de familia

      Los efectos civiles del matrimonio son iguales para todos los matrimonios contraídos en España con independencia de que los contrayentes celebren algún tipo de ceremonia religiosa, sea la confesión que sea, por lo que no vamos a hacer ninguna referencia a los efectos de los matrimonios confesionales.

      Así, la primera conclusión que le ofrecí a mi amigo es que, en España, desde el punto de vista civil, todos los matrimonios tienen los mismos efectos y consecuencias.

      En segundo lugar, es importante señalar que el tratamiento y protección de los hijos comunes de una pareja es igual si están casados los progenitores, son pareja de hecho o no son pareja… la Constitución Española en su artículo 39 declara la igualdad de los hijos con independencia de su filiación, declarando asimismo la obligación de los padres de prestar asistencia a los hijos “habidos dentro o fuera del matrimonio”.

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      Es decir, es intrascendente la forma de familia que se escoja con relación a los hijos; así, tanto da que los padres estén casados, separados, divorciados, sean pareja de hecho o se hayan casado por el ritual Kyz ala kachuu en Kirguistán, en España todos los hijos gozan de la misma protección, teniendo los padres las mismas obligaciones y derechos con relación a sus hijos sea cual sea la forma de familia elegida.

      La protección de los hijos

      Sentado que todos los hijos, sean matrimoniales, no matrimoniales o adoptados, gozan de la misma protección en España.

      Dicho en palabras del texto básico de nuestro derecho de familia, el Código Civil, la filiación matrimonial y la no matrimonial, así como la adoptiva, surten los mismos efectos, conforme a las disposiciones de este Código (vínculo al artículo 108 CC), lo que me requirió mi amigo es que le concretase las obligaciones y derechos de los padres y madres conforme a la normativa española.

      Es necesario aclarar que si bien para la mayoría del territorio español la materia de familia viene regulada en el Código Civil, hay algunos territorios que tienen normativa específica, pero a los efectos de este artículo las diferencias normativas no suponen variaciones importantes a lo aquí expuesto.

      Qué es el Derecho de Familia

      Así pues, en el derecho de familia español, tanto el padre como la madre, aunque no ostenten la patria potestad, están obligados a velar por los hijos menores y a prestarles alimentos.

      Habitualmente, cuando los progenitores viven juntos no se suelen plantear problemas sobre que debe de pagar o no pagar cada progenitor con relación a los hijos, dado que, por lo general, en los hogares se hace una “bolsa común” de la que se van pagando todos los gastos, pero cuando llegan las rupturas, las separaciones o los divorcios uno de los puntos habituales de discusión es el importe de las pensiones de alimentos.

      La pensión de alimentos

      Mi amigo, al igual que la mayoría de los clientes, me pidió que le concretara cuanto dice la ley, que se recoge en concreto en nuestro derecho de familia sobre el importe de pensión de alimentos que debe pagar un padre o una madre.

      Lamentable o afortunadamente, la ley no obliga a un importe concreto, son el padre y la madre los que deben acordarlo y, en ausencia de acuerdo, serán los tribunales los que impongan el importe de la pensión.

      Desde hace años, aunque no es de obligado cumplimiento para los jueces, existen unas tablas que sirven para orientar sobre los importes de las pensiones de alimentos.

      Las tablas, a través de una aplicación informática del Consejo General del Poder Judicial, pueden ser utilizadas por cualquiera (consultar tablas).

      Pero volviendo al importe de la pensión de alimentos, para fijarlo, deberán tenerse en cuenta las necesidades del hijo, sus concretas circunstancias (edad, salud, preparación, capacidad…) y las posibilidades de quien paga la pensión.

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      La pensión de alimentos es del hijo o hija que la recibe

      No del progenitor custodio que simplemente la administra, por lo que la madre o el padre no pueden renunciar a la pensión de alimentos en nombre de sus hijos, dado que es una obligación inexcusable su pago y un derecho irrenunciable su percepción.

      Es por ello que cuando se lleva a un juzgado o tribunal una cuestión que le afecte a un menor, obligatoriamente, debe intervenir el ministerio fiscal, quien de oficio adopta la posición de defensor del interés de los menores.

      Aunque el padre y la madre suscriban un convenio y acuerden que no se abone la pensión de alimentos, los tribunales vienen imponiendo lo que se determina el “mínimo vital” y que, actualmente, oscila entre los ciento veinticinco euros mensuales a los doscientos euros por menor.

      Como decíamos antes, la obligación de alimentos la tienen todos los padres y madres con relación a sus hijos con independencia de la relación que tengan entre ellos (matrimonio, pareja de hecho, separados…) y uno de los cometidos que tenemos los abogados especialistas en derecho de familia es hacer comprender a los padres el contenido de esta obligación.

      Así, otra de las conclusiones que podemos extraeré es que, a la hora de decidir formar una familia, a los efectos de las obligaciones y derechos con relaciones a los hijos resulta intrascendente el tipo de familia que escojamos.

      La custodia compartida

      En demasiadas ocasiones se mezcla la custodia compartida con el importe de la pensión de alimentos y no debería de hacerse. Lo ideal es que los hijos vivan con sus progenitores (biológicos o adoptivos); con papá y mamá, con dos mamás o con dos papás… pero el problema se plantea cuando sus progenitores deciden vivir en forma separada.

      En principio, el hecho de que se separen sus progenitores no debe conllevar la pérdida de relación del menor con uno o una de ellos. Es por ello, que dada día se dictan más resoluciones otorgando la custodia compartida si bien todavía nos la encontramos entre las noticias del derecho de familia seguro que algún día será lo habitual.

      Compartir la custodia de uno o más menores no es fácil. Hay que tener en cuenta que, en cualquier conflicto, si hay un menor afectado además de otras personas, el interés prioritario a atender es el del menor por encima de cualquier otro interés que estén en litigio.

      La custodia compartida

      Tomar la decisión

      Así, para decidir una custodia compartida lo que habrá de ponderarse no es si le viene mejor o peor a sus progenitores sino si la custodia compartida es buena para el menor.

      La custodia supone la convivencia del adulto con el menor; cuando ambos adultos comparten domicilio el menor tiene una sola residencia, pero cuando se plantea la custodia compartida lo que ocurre, en la inmensa mayoría de los casos, es que el menor convive por similares períodos, con cada uno de sus progenitores, por lo que tiene dos residencias.

      Lógicamente, en los casos de custodia compartida los gastos del menor son atendidos por ambos progenitores. La custodia compartida requiere que los progenitores mantengan relaciones, al menos, civilizadas.

      La custodia compartida conlleva una relación constante entre los miembros de la ex pareja por lo que si la relación es de enfrentamiento abierto en la práctica convierte en inviable esta fórmula.

      Los procedimientos judiciales

      Es a la hora de la ruptura de la pareja, si se acude al Juzgado para formalizar esa ruptura, donde empezaremos a ver las diferencias entre unas y otras formas de familia.

      Así, si la pareja no tiene descendencia y están casados, para formalizar su ruptura (separación o divorcio) deberán acudir a los Juzgados de Primera Instancia (o a los especializados de Familia en los partidos judiciales donde los haya) y podrán hacerlo de mutuo acuerdo o en forma contenciosa.

      También podrán divorciarse en una notaría, mediante un procedimiento ágil, eso sí, siempre que estén de acuerdo ambos cónyuges en el divorcio, y en los términos del mismo.

      Si la pareja no tiene descendencia y no están casados, no necesitan de procedimiento judicial ni notarial alguno para consumar su ruptura de convivencia; simplemente, la voluntad de uno de los miembros de poner fin a la convivencia junto con el abandono de uno de los miembros de la vivienda familiar es suficiente para poner fin a la relación.

      Los procedimientos judiciales

      Pero si existen hijos menores de edad o dependientes, para garantizar la protección de los hijos habrá que pasar por los Jugados. En el caso de los matrimonios, dentro del procedimiento de ruptura matrimonial, se atenderá a las cuestiones ya expuestas de guarda, custodia, alimentos…

      En el caso de las parejas no matrimoniales, también deberán acudir a los mismos Juzgados de Primera Instancia, a través de un procedimiento de guardia y custodia y alimentos, en el que el Juzgado sólo se pronunciara sobre aquellos aspectos que afecten a los hijos, sin entrar en la ruptura ni otras cuestiones económicas que la pareja deberá discutir en otro procedimiento.

      El mutuo acuerdo

      Como su propio nombre indica, los procedimientos de mutuo acuerdo (de divorcio, separación matrimonial o de homologación de convenios de guarda y custodia y alimentos de parejas no matrimoniales) son procedimientos en los que ambos miembros de la pareja, antes de acudir al Juzgado han alcanzado un acuerdo que posteriormente presentan en el Juzgado para su homologación.

      El procedimiento requiere abogado y procurador, suele ser bastante rápido, aunque en temas de Justicia es difícil asegurar plazos, y la actuación de la pareja se limita a firmar el convenio y a ratificarlo cuando desde el Juzgado la requieran para ello.

      Cuando la pareja tiene claro los términos de su ruptura y tiene un nivel de confianza medio, pueden estar defendidos y representados por el mismo abogado y procurador

      El mutuo acuerdo

      Si hay recelos, diferencia importantes y desconfianzas, mejor es que cada miembro tenga su propio abogado especialista en derecho de familia y que sean estos los que se encarguen de alcanzar el acuerdo.

      Con las diferencias de procedimiento que ya hemos señalado, en lo concerniente a los hijos tanto matrimoniales o no, todos los procedimientos siguen el mismo patrón: aunque sea un convenio de mutuo acuerdo siempre intervendrá el Ministerio Fiscal, en defensa de los menores o de personas con capacidad reducida.

      El Juez o bien homologará el convenio (es lo habitual) o determinará la contribución de cada progenitor para satisfacer los alimentos y adoptará las medidas convenientes para asegurar la efectividad y acomodación de las prestaciones a las circunstancias económicas y necesidades de los hijos en cada momento.

      Ni qué decir tiene que los abogados especialistas en derecho de familia recomendamos hasta la saciedad la vía de mutuo acuerdo.

      Procedimientos contenciosos

      Cuando la pareja no se pone de acuerdo en su ruptura o en alguno de los términos de la ruptura (guarda y custodia, pensión de alimentos, pensión compensatoria, uso de vivienda conyugal…) tiene que acudir a un procedimiento contencioso.

      Bien de separación (en la práctica muy en desuso) o de divorcio, en el caso de las parejas matrimoniales, o de patria potestad, guarda custodia y alimentos en las rupturas extramatrimoniales.

      El procedimiento se inicia por demanda de una de las partes. Lógicamente, cada miembro de la pareja estará defendido por su abogado de derecho de familia y representado por su procurador/a.

      La parte demandada contestará a la demanda tratando de desacreditar la realidad de los planteado por la parte demandante.

      Afortunadamente, cada día se acuden más a los procedimientos de mutuo acuerdo que a los contenciosos, siguiendo aquello de que más vale un mal acuerdo que un pleito. Incluso, cuando se comienza un procedimiento en forma contenciosa, antes de la celebración del juicio, las partes pueden alcanzar un acuerdo y transformar el procedimiento contencioso en mutuo acuerdo.

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      Los procedimientos contenciosos suelen llevar una gran carga emocional

      Y suponer un gran desgaste para ambas partes siendo en la mayoría de los casos tremendamente dolorosos para los hijos a los que, con mal criterio, se les suele hacer parte del conflicto de pareja e, incluso, utilizarlos de moneda de cambio.
      Así pues, tanto si la pareja es matrimonial como extramatrimonial, si cuando llega la ruptura son capaces de comportarse en forma civilizada y establecer como prioridad el interés de los hijos da igual la fórmula de familia que hayan adoptado.

      Podrán homologar su acuerdo para regular las relaciones futuras entre progenitores y descendencia, así como entre ellos, y si las diferencias de criterios e intereses entre las partes son insuperables, tendrán que acudir a que un Juez disponga lo necesario para garantizar las necesidades de los hijos y, en el caso de las parejas matrimoniales algunos aspecto de la relación futura entre los miembros de la ex pareja.

      Algunas diferencias

      En cuanto a los hijos, si son biológicos, los matrimoniales se presume que son comunes de ambos miembros del matrimonio, por lo que para su inscripción en el Registro Civil no se requiere más trámite que aportar la documentación requerida por alguna de las personas autorizada para ello

      Si son no matrimoniales se requiere de la declaración de ambos progenitores.

      En realidad, la diferencia es de mero trámite, pero hay una diferencia.

      Por lo que respecta a las relaciones económicas entre los miembros de la pareja, cuando se casan pueden optar por mantener separado el patrimonio presente y futuro de cada uno, el régimen de separación de bienes, o hacer una bolsa común e ir integrando en la misma todo el patrimonio futuro que vayan acumulando, es decir el régimen de gananciales.

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      Según el régimen que decidan, las reglas vienen impuestas por el Código Civil (aunque hay que recordar que existen otras normativas al respecto en algunos territorios del Estado) pero a los efectos de este resumen carece de interés dado que lo que queremos resaltar es que tanto la formación del régimen económico legal del matrimonio, como su configuración y reparto en caso de disolución y liquidación viene determinado por el derecho de familia.

      Por el contrario, en las parejas no matrimoniales, deberán fijarse entre ellos las normas económicas por las que quieran regirse dado que las parejas no matrimoniales no disponen de un régimen económico específico para regular sus relaciones económico-patrimoniales.

      Hay otras diferencias relativas a los derechos sucesorios.

      En el caso de matrimonios el cónyuge superviviente tiene reconocidos por la ley determinados derechos sucesorios (según tengan hijos comunes o no, haya ascendientes o no…) sin necesidad de acuerdos previos.

      En el caso de parejas no matrimoniales, sin testamento, el miembro superviviente no tiene reconocidos derechos sucesorios.

      Conclusiones

      Así, cuando terminé de comunicar a mi amigo todas estas cuestiones, me volvió a formular la pregunta, ¿Qué me conviene más, casarme o no casarme?

      La primera reflexión que le transmití es que cuando vas a conformar una pareja es mal comienzo arrancar por lo que más le conviene a una de las partes; es de suyo que ambos integrantes valoren lo mejor para la futura familia con una cierta generosidad y amplitud de miras, porque si se arranca buscando lo mejor para una de las partes podemos estar seguro que esa pareja arranca lastrada.

      Así pues, le recomendé que tras hablarlo con su pareja, consensuaran la fórmula de familia en la que ambos se sintieran cómodos. En esa “comodidad” inciden las creencias de cada uno, sus experiencias vitales, sus principios, lo que pesen las opiniones de su entorno y un sinfín de cuestiones que difícilmente se pueden resumir en una sola respuesta.

      Deberá ser la pareja la que determine cómo quiere que sea su relación, evidentemente en aquellos aspectos donde cabe la autonomía de las partes porque ya hemos visto que hay aspectos en los que la ley manda, y cuando lo tengan decidido, acudir al abogado especializado en derecho de familia para que le recomiendo la mejor forma jurídica para garantizar sus acuerdos, el mejor “traje” jurídico para esa “fiesta” que es la convivencia en pareja.

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